¿De verdad hay familias que renuncian a que sus hijxs vivan?

Ya os hemos contado muchas veces la infinidad de posibilidades que nos otorga la escuela rural respecto al contacto con la naturaleza y la vida que nos envuelve. Lo siento, pero no me canso de repetirlo. Lxs niñxs son inmensamente felices en el campo. Se sienten libres, completxs, llenxs, NIÑXS. Allí son ellxs, sin mi, sin nosotras, sin lxs adultxs.

ALLÁ FUERA, no encontramos muros ni paredes que delimitan nuestros juegos, no hay suelos de caucho que contaminan nuestros pies, no hay columpios ni toboganes construidos por adultos que poco saben de lo que nos gusta.
Allí, en la vida natural (nuestro mejor y verdadero hábitat), hay flores, árboles sin hojas, caminos de piedras y arena, cuestas, rampas, troncos perfectos para trepar y colgarse, paredes desde las que saltar al infinito, ríos, balsas... Tienen libertad para correr, subir y bajar, botar, arrastrarse. Tienen libertad para sentirse y encontrarse, para ser sin el miedo al juicio, al castigo, al "cuidado que caeras". Yo no tengo miedo, soy prudente, pero no tengo miedo. Confío en ellxs y ellxs lo saben, lo sienten y lo disfrutan. Hay magía y vida en la naturaleza; hay alegría y felicidad. Y, sobre todo, hay respeto. Respeto hacia el entorno, hacia ellxs.
Hoy bajábamos con la idea de llevar pan duro a lxs patxs de la balsa. Lo hemos remojado primero para que lo pudieran digerir bien.
Solo había tres cuando llegamos, pero pronto corrío el "graznido" de que había comida para todxs y llegaron volando tres más. Pasaron por encima nuestro con sus alas inmensamente abiertas. Incluso alguno agradecío, a su manera, nuestro gesto. Si la felicidad existe, debe ser lo más parecido a la sonrisa de unx peque creciendo bajo el sol, junto a un arbol, una flor y un animal.


Yo nunca me hubiera ido de allí; fueron momentos mágicos. Lxs peques solitxs decidieron esperar pacientes a que lxs patxs se acercaran sin miedo a ellxs para empezar a comer. Nadie les dió órdenes. Su instinto, su esencia les hizo sentarse, sin moverse, y dejar pasar los minutos hasta que los animales estuvieran seguros que no les iban a hacer daño, que solo querían compartir su comida. ¿Eso no es aprender? ¿Quién puede discutirnos que así no leemos la vida?
El sol, la vida, el silencio, la inocencia, la infancia... ¿De verdad todavía hay familias que renuncian a que sus hijxs VIVAN?...

Juzgar vosotrxs, yo sigo en el cielo... 😍😍😍😍
Paz, tranquilidad, paciencia, naturalidad, sol, niñez, TIEMPO...

 Triturando el pan con piedras y gracias a la ayuda de lxs mayores que siempre estan pendientes de nosotrxs. No os imagináis los vínculos que se crean entre ellxs. No somos un cole, somos una família.

Y no; no tenía miedo de que G. se fuera al suelo porqué él tampoco lo tenía.
 Desde aquí se ven las carpas que también habitan en la balsa. Las estatuas del fondo son nuestrxs solecitos preparando el pan 😍😍.

 Comprobando como, en tan solo unos minutos a remojo, el pan ha pasado de estar como una piedra de duro a estar muuuuy blandito. S. sintió un poco de asco (normal, era una textura nueva y había que experimentar con cuidado), I. no se acercó mucho pero sí cogió alguno, lo exprimió y lo lanzó para que disfrutaran de él y G. ...Ya lo véis, sin comentarios.

 FELICIDAD, infinito.

 Lnzando con cuidado el pan remojado y esperando con paciencia a que lxs patitxs se acerquen hasta nosotrxs para comer el pan que les hemos traído.
 😍😍😍
 😍😍😍


😍😍😍













¿Cómo estará el agua? ¿Fría? ¿Caliente? ¿Congelada? ¿Podríamos vivir nosotrxs en el agua siempre? ¿Hacen pipi los patos? ¿Dónde lo hacen? ¿Por qué la balsa tiene zonas con el agua tan clarita y otras con el agua tan sucia?
....






Ver el video y disfrutad con nosotrxs.


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