La vida nos llama y nosotrxos... ¡nos echamos a ella!
Este ha sido un fin de semana largo y diferente.
Los medios de comunicación nos advertían de la llegada de una gran "gota fría" que dejaría muchos, demasiados, litros de agua.
A lo largo de la semana estuvimos hablando de lo que podría pasar si llovia mucho; yo me moría de ganas de ver estas montañas tan salvajes mojadas por una gran tormenta. Pero nadie creía que iba a ser tanta el agua que, finalmente, nos regaló la naturaleza.
De momento, quedaban anuladas las clases del jueves por la tarde y el viernes todo el día. Recogimos todo el aula, apartamos muebles, juguetes y ordenadores de las ventanas (por si acaso) y nos íbamos a casa expectantes ante lo que se nos avecinaba...
Así se veía el río "Chico" el día 19 tal y como recogían Pilar Leca y Salva GS. Fijaros que de chico ya no tenía nada.
Las lluvias torrenciales lo habían llenado de agua, de barro y de vida.
Y hoy, lunes, tres días después de una gota fría que yo no olvidaré nunca porqué la viví pendiente de Vall, teníamos muchas ganas de bajar al río y comprobar, de primera mano, cuáles habían sido las consecuencias de estos 170 y pico litros de agua que se recogieron en la zona.
Así que, dispuestos y con ganas, empezamos nuestro camino hacía la lluvia.
Seguimos unas estrañas huellas que parecen ir en nuestra misma dirección...
Desde las escaleras descubrimos que algo ha cambiado desde nuestra última visita al río. Lxs peques corren a comprobarlo.
Efectivamente, tiene mucho más caudal del normal pero los patitos de la balsa vuelven a nadar tranquilos y contentos entre sus aguas.
Nos acercamos un poco más. Donde estamos ahora, el viernes el agua nos hubiera arrastrado. Es impresionante comprobar hasta donde llegó y lo rápido que ha "desaparecido".
Incluso se ha formado una cascada preciosa por el camino por el que cruzamos la última vez que vinimos.
. Sí que había un gran tesoro. ¡Unas cañas enormes! Con ellas medimos la profundidad que tiene el río. Si nos metieramos dentros, probablemente nos llegara más arriba de la cintura (según las cañas) 😱😱😱😱. También nos sirven para verificar la fuerza del agua en la cascada. Guille nos cuenta que arrastra mucha la caña; por tanto, baja con mucha enrgía


Cambiamos de perspectiva y nos subimos encima de la caseta para ver como ven los pájaros el río. Subimos y bajamos por la ladera de la montaña sin parar.
Al final, el paseo nos ha permitido, también, recoger algunos palos que nos hemos encontrado y que pondremos en el rincón de sensaciones, unas ramitas pequeñas para utilizarlas como las plumas con las que escribían los índios o estas hojas amarillas preciosas que llevaremos al "cole de los yayos" para decorar su árbol del otoño.
No hay nada que aporte más sin menos esfuerzo que abrir las puertas del aula y respirar la vida.
Los medios de comunicación nos advertían de la llegada de una gran "gota fría" que dejaría muchos, demasiados, litros de agua.
A lo largo de la semana estuvimos hablando de lo que podría pasar si llovia mucho; yo me moría de ganas de ver estas montañas tan salvajes mojadas por una gran tormenta. Pero nadie creía que iba a ser tanta el agua que, finalmente, nos regaló la naturaleza.
De momento, quedaban anuladas las clases del jueves por la tarde y el viernes todo el día. Recogimos todo el aula, apartamos muebles, juguetes y ordenadores de las ventanas (por si acaso) y nos íbamos a casa expectantes ante lo que se nos avecinaba...
Así se veía el río "Chico" el día 19 tal y como recogían Pilar Leca y Salva GS. Fijaros que de chico ya no tenía nada.
Las lluvias torrenciales lo habían llenado de agua, de barro y de vida.
Y hoy, lunes, tres días después de una gota fría que yo no olvidaré nunca porqué la viví pendiente de Vall, teníamos muchas ganas de bajar al río y comprobar, de primera mano, cuáles habían sido las consecuencias de estos 170 y pico litros de agua que se recogieron en la zona.
Así que, dispuestos y con ganas, empezamos nuestro camino hacía la lluvia.
Seguimos unas estrañas huellas que parecen ir en nuestra misma dirección...
Desde las escaleras descubrimos que algo ha cambiado desde nuestra última visita al río. Lxs peques corren a comprobarlo.
Efectivamente, tiene mucho más caudal del normal pero los patitos de la balsa vuelven a nadar tranquilos y contentos entre sus aguas.
Nos acercamos un poco más. Donde estamos ahora, el viernes el agua nos hubiera arrastrado. Es impresionante comprobar hasta donde llegó y lo rápido que ha "desaparecido".
Incluso se ha formado una cascada preciosa por el camino por el que cruzamos la última vez que vinimos.
Nos arriesgamos a acercarnos un poquito más. Al otro lado de esa piedra puede haber un fantástico tesoro.
Como veis, yo siempre voy detrás, ellxs mandan, deciden. Mi función es velar por su seguridad y bienestar pero el camino a seguir lo van marcando ellxs.
. Sí que había un gran tesoro. ¡Unas cañas enormes! Con ellas medimos la profundidad que tiene el río. Si nos metieramos dentros, probablemente nos llegara más arriba de la cintura (según las cañas) 😱😱😱😱. También nos sirven para verificar la fuerza del agua en la cascada. Guille nos cuenta que arrastra mucha la caña; por tanto, baja con mucha enrgía


Cambiamos de perspectiva y nos subimos encima de la caseta para ver como ven los pájaros el río. Subimos y bajamos por la ladera de la montaña sin parar.
Al final, el paseo nos ha permitido, también, recoger algunos palos que nos hemos encontrado y que pondremos en el rincón de sensaciones, unas ramitas pequeñas para utilizarlas como las plumas con las que escribían los índios o estas hojas amarillas preciosas que llevaremos al "cole de los yayos" para decorar su árbol del otoño.
No hay nada que aporte más sin menos esfuerzo que abrir las puertas del aula y respirar la vida.















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